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Navidad: «Dios con nosotros»

Estamos llegando a fin de año, comienzan las corridas, el balance y los apuros por cerrarlo lo mejor posible, dentro de ese cierre están las tradicionales fiestas: Navidad y Año Nuevo. Reflexionemos acerca de la relevancia propia del acontecimiento navideño y que incidencia tiene en nuestras vidas.

Generalmente en Navidad se entremezclan los sentimientos de la Fe, junto a cómo se siente y vive en cada hogar la fiesta. En muchas familias se la festeja lejos de un sentido religioso verdadero.

Celebramos en Navidad, la venida y el nacimiento (de aquí la palabra Natividad) de nuestro Salvador, el hijo de Dios hecho hombre y su encarnación en una criatura que vendría a Belén, en situaciones bien particulares que convienen señalarlas. Ese niño Dios, al hacerse hombre no tendría absolutamente ningún privilegio material, sino por lo contrario careció de todo: sin un hogar fijo, deambulando hasta nacer en una precaria posadera y como cuna un pesebre de paja; con ropaje nada lujoso, rodeados de animales que le daban calor, etc. Además vino a una familia, pobre: José, su Papá Carpintero y Mamá María, una humilde campesina; ellos al aceptar la voluntad de Dios serían perseguidos y no tenían una morada fija durante el embarazo y cuando Jesús naciera.

Recordamos que los gobernantes romanos veían en este nuevo rey, un peligro a que le arrebatarán su poder, por eso la expulsión, persecución e inclusive asesinato de los recién nacidos, para acabar con esa” idea loca” de que iba a venir un nuevo “rey usurpador”, de hecho el día de los inocentes, refiere a esa matanza de niños bebés.
La venida del niño Jesús a este mundo no fue nada fácil, o por lo menos estuvo alejada de un maravilloso relato, porque tuvo una vida dura y precaria, desde el punto de vista material, pero eso no impidió que se desarrollara su proyecto de amor y salvación.

Siempre nuestro punto de partida como cristianos debe ser, el encarnar e imitar a ese Jesús histórico, divino, que después de la resurrección, se quedó para siempre con nosotros. Tenemos que aprender sus enseñanzas, sus prácticas y desde ahí trazar una línea directa a cada presente de nuestras vidas. Lo más importante es lo que no se ve, pero se siente: la Fe y confianza en Dios Padre y la seguridad que le daban José y María, la misma partía de un verdadero amor que los mantenía unidos siempre.

Estas son algunas de las claves para celebrar la Navidad, en cada uno de nuestros hogares, ojalá se puedan acercar a alguna Iglesia, para vivir y recibir a ese Jesús Eucaristía, que es el mismo que nació en Belén y que quiere habitar en nuestros corazones para siempre; y si no lo pudiesen hacer ojalá que puedan rezar una oración, para estar en sintonía con lo más importante de la fiestas navideñas: el nacimiento de aquél que vino a salvarnos a nosotros y a nuestras familias, de todos los males de nuestra sociedad y que tanto daño nos hace, para que podamos ser plenamente felices con mucho amor hogareño protegidos por el niño Dios y su Sagrada Familia.

Felices Fiestas de todos los que formamos el Instituto Parroquial Nuestra Señora de Lourdes.

Viviana Leiva (Docente de 3er año “B” de EPB)